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Historia

HISTORIA


EL HOMBRE Y LOS AGAVES

Desde hace diez mil años, el hombre ha compartido su destino con el maguey en Mesoamérica.

El hombre y los agaves


La relación entre el ser humano y el maguey comenzó hace aproximadamente diez mil años, cuando los pobladores de Mesoamérica aún vivían de forma nómada. Al asentarse domesticaron el agave, como habían hecho con otros cultivos, y desde entonces la planta acompañó las prácticas propiciatorias de lluvia, la recolección de cosechas, las ceremonias de algunos dioses y los ritos de iniciación: no era sólo recurso, era calendario, ofrenda y territorio.

México concentra una gran diversidad de agaves, sobre todo en las regiones semiáridas. Existen más de cien variedades, con nombres y usos distintos según cada región. Esa riqueza botánica es también una riqueza cultural: cada maguey nombra un paisaje y una forma de habitarlo.

El meztl o maguey


Pertenece a la familia de las agaváceas. Sus hojas —grandes, tiesas y carnosas, de bordes espinosos y con una púa descollante en la punta— se organizan a modo de roseta piramidal.

Están formadas por un tejido filamentoso de cuya savia se obtiene una bebida que incita a la alegría y a una somnolencia agradable.

Códice Florentino

Códice Florentino


El Códice Florentino registra cómo el hombre mesoamericano conocía y cultivaba aquellas especies de agave que satisfacían sus necesidades de vestido y alimento. En sus ilustraciones se documenta la relación cotidiana con el maguey: su cosecha, su transporte y su lugar en la vida comunitaria. Esa memoria visual explica por qué, milenios después, siguen coexistiendo más de cien variedades —cada una con un nombre y un oficio distintos según el territorio.

Códice Borbonico

Códice Borbonico


El maguey es mucho más que materia prima: es símbolo de identidad, resistencia y pertenencia. En el Códice Borbonico, el agave aparece entrelazado con lo ritual y lo ceremonial —una memoria visual de una cultura que entendió el maguey como eje del territorio y de la vida. Ceremonias, ofrendas y prácticas de lluvia encontraron en su corazón un vínculo entre la tierra y lo sagrado.

Según una leyenda mixteca, la princesa Mayahuel descubrió cómo extraer del corazón del meztl un líquido delicioso y embriagante. Con la llegada de los españoles, aquella planta comenzó a llamarse maguey.
Códice Magliabechiano

Códice Magliabechiano


El Códice Magliabechiano documenta los usos del maguey y las prácticas ancestrales ligadas a su destilación y consumo. Raíz, fibra, alimento y bebida convergen en una misma planta que ha acompañado al hombre desde la tierra hasta la copa. De ese corazón nació también el mezcal. Su cultivo exige cuidado para evitar plagas; algunas de ellas, como el gusano del agave, se aprovecharon y se volvieron parte de la tradición del mezcal oaxaqueño.

Una tradición que se hereda


A pesar de lo árido y desolado del paisaje donde crece el agave, y de lo fácil que resulta conseguir otros aguardientes, los mezcaleros oaxaqueños siempre han defendido lo suyo. La producción se ha mantenido como una tradición familiar y cultural, transmitida de abuelos a padres y de padres a hijos. La pureza ritual de su elaboración no es un gesto de museo: es un oficio vivo, enseñado en el palenque y en el campo.

Con el desarrollo económico del país esa producción creció y salió del mercado regional. Hoy el mezcal se comercializa también a escala nacional e internacional —sin dejar de ser, en su origen, el vínculo milenario entre el hombre y el agave.